El hombre y la mujer han demostrado a través de la historia del atletismo, el deporte y la cultura física que son capaces de lograr el desarrollo corporal con singular armonía y belleza que se expresa en la propia figura humana y en la infinidad de movimientos de refinada perfección y sentido estético. Se afirma que el cuerpo humano es una máquina perfecta, sus sistemas y órganos se integran en una unidad estructural maravillosa: el sistema esquelético formado de huesos, cartílagos y articulaciones está accionado por su potente sistema muscular, alimentado por el sistema cardiovascular y respiratorio de alta eficiencia, y dirigido por el sistema nervioso de coordinación del más avanzado desarrollo filogenético. Sorprende la diversidad de acciones mecánicas que es capaz de realizar con gran destreza, lo mismo pruebas de velocidad como de resistencia, de fuerza como de precisión; es capaz de caminar, correr, saltar en distancia y en altura, nadar en muy diferentes estilos, dominar la gimnasia olímpica y la natación sincronizada, entre otras disciplinas. Bajo la consigna: más rápido, más fuerte y más alto los atletas y deportistas buscan alcanzar su máximo rendimiento físico. La práctica del atletismo y los deportes tienen alto valor formativo ya que desarrolla el cuerpo pero también el espíritu, implica desarrollo físico e intelectual, en esto radica la importancia en la formación integral del ser humano.
El hombre es cuerpo, mente y alma. No hay religión ni postura filosófica que niegue esto. Pienso, siento y ocupo un lugar en el espacio. En nuestra sociedad se ha extendido una preocupación excesiva por el cuerpo, fruto de la presión mediática que intenta persuadirnos para consumir productos y servicios de bienestar y belleza. La expresión “men sana in corpore sano” resume la unidad del cuerpo y la mente, enaltece al ser humano y hace aflorar su fortaleza física y su belleza natural. De ahí que es censurable la implantación en el cuerpo humano de elementos extraños para mejorar la apariencia, lo que implica transformación del cuerpo según los modelos que impone el mercado; con lo cual el cuerpo humano ha devenido en un objeto susceptible de manipulación. Estar «sano» ya no es un deseo y una aspiración natural de toda persona, sino una especie de «tiranía» que ha convertido la salud en un deber que, según la industria del bienestar, sólo podemos satisfacer mediante el consumo de determinados productos y servicios comerciales. La obsesión por la belleza como uno de los fenómenos más importantes de nuestro tiempo, que se ha convertido en una próspera industria, el reinado de lo light, el uso y abuso de la cirugía estética, la apología del ejercicio físico, la generalización de los institutos de belleza, la sacralización de los gimnasios y el reinado absoluto del pánico a engordar». Los tratamientos de belleza han entrado en el ranking de las 10 prioridades de los ciudadanos, según Isabel Navarro (2007).
Las consecuencias de esta excesiva valoración a la belleza y la delgadez son bien conocidas: muchas personas acaban sufriendo anorexia (negación a comer para permanecer delgadas), vigorexia (obsesión por estar musculado) u ortorexia (obsesión por comer y vivir sano).? El culto a la belleza y la salud emplea una retórica optimista (¡consigue la belleza y la salud rápidamente y sin esfuerzo!), triunfalista (¡serás feliz!) y redentora (¡te renovarás por dentro y por fuera y serás una persona nueva!) Para Carlos Sopena (2007), el éxito de la medicina y la cirugía estéticas es un síntoma de nuestra sociedad: Cambiar por fuera parece más sencillo y cuesta menos trabajo, pero hay muchas angustias que se enmascaran con un lifting. Uno puede ser muy bello y tener el alma destrozada. Por eso creo que sigue siendo más rentable solucionar los conflictos internos que quitarse unas arrugas. Hoy el cuerpo no es algo que hemos recibido y que no podemos modificar, sino un proyecto prioritario e inacabado. Detrás de esta filosofía predomina una ideología individualista que concede al esfuerzo personal un protagonismo inusitado, merecedor de un resultado. Pero también responsabiliza excesivamente al individuo de su estado de su salud; hace creer que éste sólo depende del estilo de vida, de la conducta individual, de los hábitos alimentarios personales, y olvida los factores sociales y políticos, como el sistema sanitario, las condiciones de trabajo y el medio ambiente.
Como mensaje final, recomiendo la lectura completa de la opinión de la Iglesia Católica ante este tema: En su mensaje al Arzobispo Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, con motivo de la sesión pública anual de las Academias Pontificias, el Papa Benedicto XVI resalta la inseparable relación que existe entre la búsqueda de la belleza y la búsqueda humana de la verdad y la bondad. "En diversos ámbitos –explica el Papa– brota dramáticamente la escisión y a veces el contraste entre las dos dimensiones: la de la búsqueda de la belleza, reducida a forma exterior, a apariencia de perseguir a toda costa y la de la verdad y la bondad de las acciones efectuadas con un fin determinado". Por ello, precisa, "una búsqueda de la belleza que fuera ajena a la búsqueda humana de la verdad y la bondad se transformaría, como sucede desgraciadamente, en puro esteticismo y, sobre todo, para los más jóvenes, en un itinerario que lleva a lo efímero, a la apariencia o incluso a una fuga hacia paraísos artificiales que esconden el vacío y la inconsistencia interior". VATICANO, 25 Nov. 08
Juana Frontera –Fogel MD
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